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Recuperación del ictus isquémico

Un ictus o accidente cerebrovascular (ACV) es una lesión cerebral causada por un fallo en el sistema de riego sanguíneo o vascular del cerebro. Tanto la interrupción del flujo sanguíneo (ictus isquémico), como las hemorragias (ictus hemorrágico) pueden causar importantes daños en el tejido cerebral y motivar secuelas motoras y/o cognitivas.

Secuelas Habituales

Secuelas físicas o motoras

La alteración del control motor o la pérdida de la sensibilidad son los síntomas más frecuentes del ictus y otras formas de daño cerebral. A menudo el paciente con ictus presente hemiplejía o hemiparesia: alteración de la movilidad y sensibilidad una de las “mitades” de su cuerpo, que suele derivar en dificultades para caminar o para mover el brazo afectado. Otros síntomas motores pueden incluir la alteración del equilibrio, tetraparesia (alteración del movimiento de las cuatro extremidades), la alteración del habla o la pérdida del control de esfínteres. Todas estas alteraciones, en su conjunto, repercuten enormemente en la autonomía personal de quien ha sufrido el ictus. Los Fisioterapeutas y Terapeutas Ocupacionales son los principales responsables del abordaje terapéutico de las secuelas físicas y motoras.

Alteraciones neuropsicológicas (cognitivas, emocionales y conductuales)

Aunque las alteraciones de la capacidad de pensar, gestionar la emoción y la conducta no son tan visibles como otras secuelas del ictus u otra forma de daño cerebral, son igualmente discapacitantes, a veces incluso más que los síntomas físicos. Las secuelas cognitivas se refieren a la alteración de habilidades cognitivas o intelectuales previamente presentes; así, el paciente puede presentar problemas de memoria (amnesia), dificultad para mantener la atención (no poder estar concentrados en una cosa más de 5 o 10 minutos), problemas para el pensamiento lógico o complejo, para la toma de decisiones, etc. Los déficits cognitivos pueden limitar de forma significativa la capacidad para realizar actividades cotidianas, desde tareas del hogar como cocinar, hacer la compra, gestionar las finanzas del hogar; hasta tareas más complejas,  como cuidar de otras personas (niños, mayores), o desempeñar un trabajo, e incluso la conducción de vehículos.

Las secuelas emocionales

Suelen incluir dificultades para controlar o gestionar las emociones, tanto positivas (euforia), como negativas (síntomas de depresión o ansiedad, irritabilidad), además de cambios bruscos del humor (labilidad emocional). Un síntoma habitual es la desregulación emocional, que significa que a la persona le cuesta o no puede controlar sus propias emociones, y por ello llora y/o ríe con facilidad, se enfada por pequeños detalles, o  muestra gran inquietud o ansiedad por problemas leves, siendo incapaz de calmarse o gestionar sus emociones por sí mismo/a. En otras ocasiones, se puede producir el síntoma contrario: un enfriamiento emocional en el que la persona da la impresión de apenas reaccionar emocionalmente a su entorno, mostrando un marcado aplanamiento afectivo, especialmente en relación a lo que les ocurre a los demás.

Las alteraciones conductuales 

Se refieren a cambios en la conducta o personalidad del paciente, que se pueden manifestar de diferentes maneras. En algunas ocasiones aparecen signos de desinhibición: como decir o hacer cosas inapropiadas, actuar de forma irreflexiva, o incluso aparecen conductas agresivas. Mientras que a otros pacientes les cuesta enormemente iniciar conductas y ponerse en marcha, lo que denominamos apatía (falta de iniciativa y/o de motivación). Es muy frecuente que las familias refieran cambios en el carácter o personalidad del paciente (“Ya no es la persona que era antes… ahora se comporta y reacciona de forma diferente…”) ya que pueden verse afectadas sus habilidades sociales, mostrando conductas infantiles, egocentrismo o pobre empatía, conductas compulsivas (comer o beber de forma incontrolada) o reiterativas (repiten constantemente comentarios, peticiones, intentan hacer lo mismo una y otra vez, etc.). Tenéis más información sobre estas alteraciones en este artículo de nuestro blog.

Alteraciones de la comunicación (lenguaje y habla)

La alteración del lenguaje, denominada afasia, es frecuente en los ictus que afectan al hemisferio cerebral izquierdo, ya que es el hemisferio que se encarga del control del lenguaje (en las personas diestras). Algunos pacientes pueden presentar una incapacidad o dificultad importante para encontrar las palabras y expresar lo que quieren decir, aunque tienen una buena comprensión (afasia motora o de Broca). En otras ocasiones, sucede lo contrario: la persona no comprende lo que se les dice, aunque tienen capacidad para hablar, si bien, por lo general, su discurso carece de sentido porque no se corresponde con lo que realmente quiere decir (afasia sensorial o de Wernicke). Así mismo, puede darse la alteración conjunta de la capacidad de expresión y comprensión (afasia mixta o global), que produce una muy grave limitación de la capacidad para comunicarse.

En otras ocasiones los problemas para la comunicación tienen su origen en la dificultad para controlar los músculos y órganos que posibilitan el habla, lo que se denomina disartria, que puede venir acompañada de problemas para tragar alimentos sólidos y líquidos (disfagia). Todos estos síntomas son tratados por el Logopeda experto en trastornos Neurológicos.

Alteraciones sensoriales

La pérdida del control motor suele estar asociada a la pérdida o alteración del sentido del tacto, o de la propia percepción de cómo está posicionado el cuerpo (propiocepción). Además puede verse alterado el sentido de la vista y el paciente no es capaz de atender o integrar lo que se encuentra en uno de sus campos visuales (heminegligencia, hemianopsia). En términos generales se puede ver alterado cualquiera de los cinco sentidos. Como en el caso de los trastornos motores, Los profesionales que trabajan las secuelas sensoriales son el Fisioterapia Neurológico y el Terapeuta Ocupacional, aunque, dependiendo de la modalidad sensorial, a veces también participan el Logopeda (gusto, olfato) o el Neuropsicólogo (visopercepción). Es otra de las áreas donde el abordaje interdisciplinar es fundamental.

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