Neurodesarrollo Infantil

Mario Pellico. NeuroFsioterapeuta de Reintegra.
Igor Bombín. Neuropsicólogo y Director Clínico de Reintegra.

La importancia del Neurodesarrollo Infantil, donde todo empieza

Os daréis cuenta que la mayoría de profesionales que trabajamos con menores (desde bebés, niñ@s, adolescentes…) usamos mucho el término neurodesarrollo: neurodesarrollo saludable, fomento y apoyo del neurodesarrollo,factores para fortalecer el neurodesarrollo… e incluso trastornos del neurodesarrollo. Esto es así porque el neurodesarrollo es el “trabajo” más importante que tiene que hacer el menor.El neurodesarrollo se refiere al proceso de maduración del sistema nervioso del niño: su cerebro, su percepción y sentidos, su movilidad, su inteligencia y procesos cognitivos, sus emociones (y la capacidad para gestionarlas), su capacidad de relacionarse… TODO. Es el proceso por el cual se va constituyendo la persona como individuo, el YO único e irrepetible: la base del desarrollo de una vida plena en conexión con el entorno y las personas que rodean al individuo.

Es por tanto, un proceso muy complejo y supone la maduración de las estructuras (cerebrales y del resto del cuerpo) y la adquisición de las habilidades como resultado de la interacción del niño, desde bebé, con el medio que lo rodea (personas, objetos, entornos, animales, etc.). Es un proceso enormemente dinámico, de cambio constante, y que abarca, desde los primeros meses y años de la vida de las personas, hasta que entramos en la veintena (23-25 años). Cierto es que el ritmo no es constante, y que hay etapas de enorme desarrollo y crecimiento, y por lo tanto son muy sensibles, y otras en las que el ritmo de neurodesarrollo parece decrecer hasta casi no apreciarse.

Tal es la importancia, por sus posibles repercusiones futuras (en esa persona que se está formando) que los profesionales, y los padres-madres, prestamos una enorme atención al ritmo de neurodesarrollo; nos fijamos mucho en los hitos de desarrollo

  • ¿Está alcanzado los hitos o logros que le corresponden por su edad?
  • ¿Qué ocurre en caso contrario?
  • ¿Nos hemos de preocupar?
  • ¿Se desarrollan todos los niños al mismo ritmo?
  • ¿Hasta qué punto se puede encauzar o acelerar el neurodesarrollo infantil, si percibimos que se retrasa en relación a sus pares?

Son muchas las preguntas al respecto, y muy pertinentes. Por ello, desde Reintegra hemos preparado una serie de artículos que iremos publicando para explicaros cómo es el neurodesarrollo infantil típico (el más habitual), en qué nos hemos de fijar en cada etapa y qué hacer si el/la peque no está alcanzando los logros esperables para su edad. Como los dos primeros años de vida el ritmo de crecimiento o neurodesarrollo es tan impresionante, los artículos irán abarcando diferentes rangos de edad: 0-3 meses; 4-6 meses; 7-9 meses, 10-12 meses. A partir de ahí, iremos abarcando periodos más amplios. Hoy simplemente os presentamos algunas cuestiones generales sobre el neurodesarrollo infantil, a modo de introducción.

 

Neurodesarrollo infantil, desarrollo en los bebés y la infancia

 

Durante los primeros meses/años, los bebés deben ir explorando el entorno y adquiriendo las habilidades que les permitan mejorar y aumentar esta exploración y, con ella, sus conocimientos y relaciones con el medio. De esta forma, el bebé pasará de presentar una mayoría de movimientos involuntarios, a demostrar intención y búsqueda de conocimiento y estímulos manipulando objetos, desplazándose o pidiendo aquello que desee. La complejidad de este proceso hace que, en ocasiones, este neurodesarrollo se pueda ver alterado, frenado o acelerado. En muchas ocasiones, esta alteración del ritmo de maduración puede ser una señal de que estamos ante una patología, pero, en otras muchas, simplemente es el resultado de una falta de estimulación o una estimulación no adecuada, que pueden generar lo que se denomina un “retraso del desarrollo” y que puede, perfectamente, cursar sin una patología de base.

Denominaremos retraso psicomotor a la no adquisición de hitos del desarrollo en los tiempos establecidos como “normativos” o “típicos”, es decir, aquellos en los que, la media de niños, adquieren dicho hito. Una forma muy visual de conocer este desarrollo y saber si nuestro hijo está dentro de los límites normativos, es la tabla Haizea-Llevant (1991) que nos muestra los hitos del desarrollo por edad y los signos de riesgo. Esta tabla es el resultado de un estudio científico resultado de dos programas, el Estudio Llevant y el Programa Haizea, cuyos datos de referencia se obtuvieron de una muestra representativa de 1.702 niños de Cataluña y 817 niños del País Vasco.

Tabla de Haizea-Llevant, publicada por el Departamento de Trabajo y Seguridad Social, Educación, Universidades e Investigación, Osakidetza / Servicio Vasco de Salud.

Neurorehabilitación infantil tabla de Haizea Llevant

 

Retraso Psicomotor sin Patología

Un bebé o niño que, sin presentar ninguna alteración médica (neurológica, síndrome, traumatológica), muestra un enlentecimiento en la adquisición de estos hitos del desarrollo, tanto motor, como cognitivo y/o del lenguaje.

En estos casos el pronóstico suele ser muy bueno pues en la mayoría de las ocasiones el problema viene derivado de algún problema en la estimulación, habitualmente por desconocimiento u otras causas. En estos casos el abordaje terapéutico que se ha de realizar es, siempre, de estimulación, buscando que el niño alcance dichos hitos y se sitúe en el desarrollo correspondiente a su edad. La estimulación la pueden realizar profesionales, sobre todo al principio, pero es fundamental que entrenen a sus padres/ madres/ cuidadores para que el “régimen de estimulación” se extrapole a la vida cotidiana del bebé, logrando que se extienda el máximo de tiempo y en el mayor numero de situaciones o ambientes posibles.

 

Retraso Psicomotor por Patología

 

Hablaremos por tanto de retraso psicomotor por patología cuando la causa de dicho retraso sea una patología médica. Debemos distinguir entonces entre tres grandes grupos de patologías que pueden generar retraso del desarrollo psicomotor:

  • Traumatológica: en este ámbito podemos encontrar gran variedad de patologías y serán todas aquellas que, por alguna alteración osteoarticular (huesos y articulaciones), muscular o ligamentoso, generen dificultades para la exploración y el desarrollo. Habitualmente encontraremos que el bebé o niño ha pasado tiempo inmovilizado (yeso o venda), con algún arnés (luxación cadera congénita) o con limitaciones en la movilidad (tortícolis congénita o parálisis braquial obstétrica), entre otros muchos casos. En estas ocasiones, la estimulación y tratamiento habrán de ir encaminadas a solucionar dichas alteraciones traumatológicas y a tratar de alcanzar el desarrollo propio para la edad. Por norma general, estos niños presentan buen pronóstico ya que, tras la resolución de la lesión o situación traumatológica, el desarrollo continúa de forma normativa.
  • Sindrómica: en general, se trata de patologías de las que se sabe tienen un alto componente genético y así, los individuos diagnosticados de estos síndromes (Down, Prader-Willi, Williams, Angelman, Rett, Wilson, etc.) tienden a tener características concretas del mismo, pero, la mayoría de ellos, presentan como característica general, alteraciones y dificultades que complican el desarrollo del sistema nervioso o la adquisición de habilidades, presentando, por norma general, retrasos del desarrollo psicomotor, al menos en edades muy tempranas. En estos casos el pronóstico dependerá, siempre, del estado del niño, del momento de la detección y de la velocidad a la que se intervenga: el tratamiento será más eficaz cuanto más temprano, especializado e intensivo sea, además de que contemple de forma integrada todas las esferas de funcionamiento del/a niño/a.
  • Neurológica: hablaremos de retraso del desarrollo por causa neurológica cuando nos encontremos una alteración producida por una lesión en el sistema nervioso, central o periférico (Parálisis Cerebral, Epilepsia, Distrofia muscular, Espina bífida, Tumor cerebral, etc.), o porque la propia maduración cerebral se aleja en mayor o menor medida del neurodesarrollo normal (ej., Trastorno por Déficit Atencional, Trastornos del Espectro Autista, Trastornos del Aprendizaje, etc.). Por norma general, en estos casos, nuestros niños tendrán dificultades en la maduración del sistema nervioso que generará déficits o alteraciones en la propia estructura cerebral y su funcionamiento.
    En cuanto al pronóstico, al igual que en otros casos, dependerá siempre del momento de la detección, el momento de la intervención, el estado del niño, etc. Una vez más, el tratamiento será más eficaz cuanto más temprano, especializado e intensivo sea, además de que contemple de forma integrada todas las esferas de funcionamiento del/a niño/a.

 

En definitiva, es importante estar alerta al ritmo de neurodesarrollo de los niños/as en relación a lo que cabe esperar para su edad: ante cualquier duda, es importante comentarlo con el/la pediatra u otro profesional; y si hay signos evidentes de retraso madurativo, puede ser preciso poner en marcha un plan individualizado a las necesidades del pequeño.

En el próximo artículo, nos centraremos en los hitos a desarrollar desde los 0 a los 3 meses: ¡esperamos que sea de vuestro interés!

 

Si te encuentras con alguno de estos casos, en Reintegra tenemos un equipo especializado y multidisciplinar (fisioterapeutas, logopedas, neuropsicólogos, terapeutas ocupacionales, expertos en integración sensorial) para abordar todas las posibles necesidades: estamos a vuestra disposición.

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