Equilibrio y síntomas vestibulares tras un ictus

¿Por qué me mareo tras un daño cerebral?

Equilibrio y Sistema Vestibular

Rebeca Martínez y Sara Castro. Fisioterapeutas Neurológicas de Reintegra.

Es habitual ver que cuando se sufre un ictus, traumatismo cráneoencefálico (TCE), tumor u otra forma de
daño cerebral se pierda la fuerza o actividad muscular de un lado del cuerpo; pero también existen otras posibles afecciones, en las que la persona que sufre el daño cerebral conserva toda su fuerza pero ve que es incapaz de poder moverse como antes. Entre estas múltiples afecciones, hoy queremos hablaros de cómo se puede ver comprometida la capacidad de equilibrio o estabilidad tras una lesión cerebral, especialmente cuando afecta al cerebelo y a otras áreas en íntima relación con éste, como el tronco del encéfalo.

En primer lugar, tenemos que explicaros que la capacidad de equilibrio depende de la coordinación de distintos sistemas. Para llevar a cabo este cometido, nuestro cerebro se nutre principalmente de la información que le llega de:

 

  1. Nuestros ojos (sistema visual)
  2. Nuestras articulaciones (capacidad propioceptiva)
  3. Nuestro oído (sistema vestibular): integrando la información procedente de estos tres sistemas, el cerebro consigue hacernos mantener una buena postura y darnos estabilidad al movernos. Cuando esta información no se procesa adecuadamente, por un déficit periférico (a nivel de oído interno, del nervio vestibular o de la vista) o central (en el tronco del encéfalo, cerebelo o en sus conexiones con otras áreas), puede aparecer una alteración del equilibrio.

 

Por este motivo, es de vital importancia, como primer paso, establecer el origen de esa alteración, para poder plantear un tratamiento lo más eficaz posible que nos ayude a resolver o mejorar la capacidad de equilibrio que se ha visto mermada. En muchas ocasiones, los síntomas que nos describe la persona afectada nos indican que se trata de un déficit del sistema vestibular.

 

El sistema vestibular

 

Se sitúa dentro del oído interno y se encarga de integrar la información del movimiento de la cabeza respecto al entorno y respecto al cuerpo, y de coordinarla con los movimientos oculares. Esta información se procesa inicialmente en el tronco del encéfalo, para luego integrarla con la información del cerebelo y de esta forma elaborar una respuesta adecuada, que nos ayudará a mantener el equilibrio.

 

Los síntomas más característicos de un déficit vestibular

 

Son la inestabilidad durante la bipedestación, los desvíos durante la marcha, la sensación de inestabilidad (la persona siente que se desvía o que está inestable pero el resto no lo percibe), incluso mareos (náuseas, pérdida de equilibrio o consciencia) o vértigo (sensación de que rotamos respecto al entorno o de rotación del entorno a nuestro alrededor). Esta inestabilidad o mareo pueden limitar considerablemente la actividad diaria de la persona y su independencia; especialmente en actividades que impliquen giros, agacharse, mirar hacia arriba, etc.

Cuando una persona afectada por un daño cerebral adquirido consulta a un profesional por estos síntomas, es frecuente que le digan que pasarán con el tiempo, o que, por el contrario, son secuelas irrecuperables tras una lesión cerebral. Sin embargo, esto no tiene porqué ser así: el sistema vestibular presenta una gran capacidad de compensación ante un déficit o una asimetría, siendo capaz de adaptarse a los estímulos que desencadenan la sensación de inestabilidad o mareo para responder adecuadamente. Pero si dicha capacidad de compensación o corrección no es adecuadamente trabajada y entrenada, los síntomas persistirán en el tiempo; condicionando permanentemente la forma en la que esa persona se mueve o realiza sus actividades cotidianas.

El primer paso, es una valoración exhaustiva de todos los aspectos que intervienen en el correcto funcionamiento del sistema vestibular, como los reflejos vestíbulo-espinal, vestíbulo-ocular, cérvico-ocular y optocinético; la regulación de la postura ante los movimientos de la cabeza, la estabilización de lo que vemos en la retina ante los movimientos cervicales; así como el equilibrio, la coordinación y la marcha. Tras dicha valoración se elabora un plan de reeducación vestibular a través del cual se abordarán los aspectos que se han visto más afectados.

 

¿A qué va dirigida la reeducación vestibular?

 

Va dirigida a influir sobre el equilibrio a través de la coordinación de los movimientos de la cabeza y los ojos con el resto del cuerpo. Esta reeducación comenzaría desde el trabajo del control de los movimientos del cuello y los ojos; para luego abordar la coordinación entre ellos con ejercicios de rastreo de objetos o seguimiento de estímulos visuales. Después, pasaríamos al trabajo de la coordinación de la cabeza con el resto del cuerpo, buscando reducir la sintomatología (inestabilidad, mareo…) acomodando al cuerpo a los estímulos que provocan estos síntomas (giros, agacharse…). Así mismo, no se puede olvidar el trabajo específico del equilibrio, intentando mejorar las reacciones ante un desequilibrio y la capacidad para moverse de manera más estable. Por último, se realizarían tareas más complejas, relacionadas con la memoria espacial y la orientación con los ojos cerrados, eliminando todas las ayudas que pueda darnos la vista.

 

Aquí os dejamos algunos ejemplos de cómo se trabaja la reeducación vestibular.

Si tú o tu familiar tenéis algunos de estos síntomas, desde Reintegra os ofrecemos la valoración inicial gratuita para estudiar el caso y proponer un plan individualizado de tratamiento.

1.- Potenciación y flexibilización de la musculatura cervical.

 

Comenzaremos moviendo el cuello en los tres planos del espacio (rotación o giro, inclinación y flexión-extensión) con la mirada fija en un punto. En la foto se observa un ejemplo de diferentes amplitudes de flexión de cuello, dándole más flexibilidad y coordinación a la musculatura.

 
Potenciación y flexibilización de la musculatura cervical
 

2.- Trabajo de disociación del movimiento ocular y cervical.

 
 
Trabajo de disociación del movimiento ocular y cervical
 

Posteriormente, coordinaremos el movimiento ocular con la potenciación previa: realizando ejercicios que nos exijan mover la cabeza con la mirada fija al frente; mover los ojos con la cabeza fija apuntando al frente, o mover los ojos y la cabeza a la vez hacia el mismo sitio.

 

3.- Trabajo del control del cuello a través del seguimiento visual con láser

 
Trabajo del control del cuello a través del seguimiento visual con láser
 

Tras potenciar y coordinar los movimientos oculares y cervicales, trabajaremos el control y la precisión de la coordinación con ejercicios más exigentes, como dibujar patrones en una pared. Se comenzará sentado y se tratará de seguir el dibujo de la pizarra con un láser en su cabeza. El movimiento se realizará a velocidad lenta, para progresar hacia una velocidad más rápida y una postura más difícil (de pie sobre una colchoneta o a la pata coja…).

 

4.- Trabajo de la memoria espacial y el equilibrio con privación visual.

 
Trabajo de la memoria espacial y el equilibrio con privación visual
 

Uno de los ejercicios más avanzados sería el del “triángulo rectángulo”, en el cual trabajaremos la orientación con los ojos cerrados. Tras marcar el inicio del circuito con una cruz y con los ojos abiertos, dibujaremos un triángulo dando 3 pasos al frente, girando hacia la horizontal del lugar de inicio daremos 4 pasos, y orientándonos hacia el inicio, otros 3. Tras esto, repetiremos este mismo ejercicio con los ojos cerrados y, al terminar, comprobaremos si hemos terminado en el lugar de inicio.

 

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